Logo Naser University
¿Qué hay detrás de una mala comunicación?
6 julio, 2021

Secretos que develan que provocamos los resultados que obtenemos, siempre

Con mucha más frecuencia de la que quisiéramos, en la familia, en el trabajo, en las relaciones cotidianas encontramos a personas con las que no podemos hablar; personas con las que se nos hace difícil coordinar una acción, y sobre las cuales tenemos conversaciones internas del tipo “no me entiende”, “no me escucha”, e incluso experimentamos la sensación de nerviosismo en el cuerpo cuando se nos acercan, o sentimos que nos volvemos más pequeños delante de ellas.

Estos fenómenos que suceden de manera inconsciente desnudan la naturaleza de nuestra comunicación. Entonces pareciera que una persona habla hacia “un algo” y la otra  persona, hacia otra cosa.

¿Dónde está la solución? En mirar más allá de lo que aparece a simple vista. Porque hay algo detrás de esa falta de comunicación. Hay algo en mi silencio y en el silencio del otro. Hay algo que explica por qué si le di todo lo que me pedía no hemos logrado llegar a un acuerdo.

Para poder mirar ese detrás de escena, es muy práctico y revelador conocer las bases del Análisis Transaccional, modelo creado por el médico psiquiatra, Eric Berne, el cual se ha convertido en la más efectiva técnica para encontrar respuestas no solo a lo que le pasa a una persona internamente, sino qué pasa entre las personas a la hora de relacionarse.

El Análisis Transaccional (AT) permite acercarse, comprender, reconocer e integrar de dónde vienen esos problemas de comunicación, observándolos desde los estados del YO: el Yo Padre, (el de las normas y experiencias); el Yo Adulto (el de la objetividad y el análisis) y el niño (el de las emociones).

La comunicación entre las personas vista con los ojos de Eric Berne se muestra como una permanente transacción.  Entonces, ¿cómo es que teniendo una buena intención de comunicación, produzco en el otro una respuesta violenta, sumisa, o de obediencia, y no lo que necesitaba llevarme? Aquí es donde hay que comenzar a desmenuzar el comportamiento que se desarrolla en cada estado del YO: Yo niño, Yo padre, Yo adulto, que plantea Berne. Cuando entramos en ellos, de manera inconsciente, transformamos nuestra estructura de personalidad.

Por eso es común que hoy me encuentre recordando lo que hice ayer y preguntándome, en qué estuve pensando para decir lo que dije; para sentir lo que sentí: para comportarme como me comporté. Este traer a la luz aquellos comportamientos, emociones, una y otra vez, nos llevan a esos estados y nos sacan del presente, al que solo se puede habitar y desarrollar en el estado adulto.

Lo que nos propone el Análisis Transaccional al desmenuzar cada uno de los estados del YO es navegar adentro de nosotros mismos y dentro de lo que el otro nos propone, dejando de ver a ese otro como a un enemigo para aprender a verlo como a un maestro. Y algo más: retirar la atención del maestro para hacer foco en la lección. Solo de esa manera seremos capaces de construir una comunidad más responsable con los diálogos externos, que son una réplica de lo que vivimos adentro nuestro.

El Análisis Transaccional permite aplicar una técnica efectiva para comprender las distintas reacciones y comportamientos, del YO, en su estado padre, niño, adulto. Y si bien a lo largo de nuestras transacciones (conversaciones) con otras personas fluctuamos de un estado a otro, puede suceder que nos quedemos anclados en alguno de ellos en particular.

Entonces allí no hay cambio de transacciones, las transacciones comienzan a ser lineales y no cruzadas. Cuando se cruzan las transacciones es cuando empezamos a mirar qué problemas hay en las relaciones personales. Por ejemplo, cuando hablamos desde el Yo adulto y nos responden desde el Yo niño hay un cruce de transacciones y un problema en la comunicación.

Lo importante es ser cada vez más conscientes, y tener la herramienta y la fuerza para colocarnos en la posición que se requiera, ya sea adulto, padre o niño, y comprometernos con ese desarrollo, porque hay ocasiones en las que necesitaré del aporte del padre, otras del niño y otras del adulto. La vida está en constante movimiento, igual que nuestros estados de ánimo y nuestros comportamientos.

Hablamos no sólo con la palabra

La dificultad  para comunicarnos, para expresar con claridad lo que pensamos, sentimos y necesitamos, no solo se da a nivel de las palabras. También se refleja en el mi comportamiento, en mi energía, en mi postura corporal, en lo que está sucediendo en mi interior, en nuestro corazón. No es solo lo que expresamos, es lo que está pasando hacia adentro con eso que sucede afuera.

Para comunicarnos de manera efectivo tendremos que buscar la congruencia interna, es decir que eso que digo de la boca para afuera, también lo esté experimentando hacia adentro.

Muchas veces nos escondemos o nos colocamos en posiciones donde queremos evitar ser aquello que siempre hemos sido. Todos venimos de la niñez, del estado real del niño, y aunque seamos adultos, aunque seamos padres, el niño está incorporado en nuestro ser.  Cuando intentamos  bloquear a ese niño cuando queremos privarlo de su libertad, estamos generando una depresión de uno de los estados importantes y originarios de la vida.

Para mejor nuestras relaciones sería bueno comenzar a identificar las narrativas con las que construimos nuestras vidas: qué nos decimos, qué pensamos, qué emociones nos habitan, cuál es la que nos lleva a tal o cual lugar. También percibir desde dónde el otro me habla (padre, adulto, niño)  y desde dónde yo respondo (padre, adulto, niño); y preguntarme qué estamos defendiendo cuando nos comunicamos desde el niño; que nos pasaría si le diéramos la razón a ese que nos habla desde el padre; qué está en juego en esa transacción, qué pierdo, qué gano, cuál es la herida que evoco, para finalmente decidir qué hacer y en qué lugar nos queremos colocar.

Estimar nuestro punto de vista, integrando el del otro, o sea, dando lugar a lo que piensa el otro, comprendiendo que esa persona tiene su manera de pensar, nos abre paso para ubicarnos en el estado adulto, vivir el presente ser libres.

Les dejo un cálido abrazo, Natalia Liz Sleiman